
Un equipo internacional de investigadores logró registrar por primera vez imágenes del enigmático tiburón duende (Mitsukurina owstoni) desplazándose libremente en su hábitat natural, un acontecimiento que representa un importante avance para la biología marina y el estudio de las especies de aguas profundas.
Hasta ahora, el conocimiento visual sobre este peculiar escualo provenía principalmente de ejemplares capturados accidentalmente por embarcaciones pesqueras o trasladados a acuarios, donde rara vez sobrevivían debido a las condiciones extremas en las que habitan.
El misterioso tiburón conocido como el más feo del mundo
El tiburón duende es una de las criaturas más llamativas y extrañas del océano. Su largo hocico plano y sus mandíbulas extensibles le otorgan una apariencia singular que le ha valido el apodo de “el tiburón más feo del mundo”.
Sin embargo, detrás de su aspecto poco convencional se esconde un depredador altamente especializado, adaptado para sobrevivir en zonas donde la luz solar no alcanza.
Un fósil viviente de más de 100 millones de años
Los científicos consideran al tiburón duende un auténtico “fósil viviente”. Es el único representante actual de una antigua familia de tiburones cuya historia evolutiva se remonta a aproximadamente 125 millones de años.
La especie fue descrita científicamente por primera vez en Japón a finales del siglo XIX y desde entonces ha despertado gran interés debido a la escasez de observaciones directas.
Los avistamientos de los tiburón duende que sorprendieron a la comunidad científica
La investigación documentó dos encuentros excepcionales con ejemplares vivos en el océano Pacífico central.
El primero ocurrió cerca de la isla Jarvis en 2019, donde un vehículo submarino operado a distancia captó imágenes de un ejemplar nadando a una profundidad de 1.237 metros.
El segundo registro se produjo en 2024 en la fosa de Tonga, donde otro tiburón duende fue observado a 2.000 metros de profundidad, estableciendo una nueva referencia para la especie.
Estos descubrimientos revelan que el rango de distribución conocido del tiburón duende es más amplio de lo que se pensaba y que puede habitar profundidades significativamente mayores a las registradas anteriormente.

Un depredador con una técnica de caza única
Una de las características más sorprendentes de esta especie es su mecanismo de alimentación.
Cuando detecta una presa, el tiburón duende proyecta sus mandíbulas hacia adelante a gran velocidad, utilizando una especie de efecto de resorte para capturar peces, calamares y crustáceos que viven en las profundidades marinas.
Esta adaptación le permite aprovechar al máximo las escasas oportunidades de alimentación disponibles en su entorno.
Un hallazgo que demuestra cuánto queda por explorar
Los investigadores consideran que este hallazgo es una prueba más de que los océanos profundos continúan siendo uno de los entornos menos explorados y comprendidos del planeta. A pesar de los avances tecnológicos de las últimas décadas, gran parte del fondo marino sigue siendo un territorio desconocido para la ciencia, donde innumerables especies podrían permanecer ocultas esperando ser descubiertas.
Además de ampliar el conocimiento sobre la distribución geográfica del tiburón duende, este descubrimiento aporta información valiosa para la conservación de la biodiversidad marina. La confirmación de su presencia en zonas donde anteriormente no se tenía registro permitirá mejorar los planes de monitoreo y protección de los ecosistemas de aguas profundas, considerados entre los más frágiles del mundo.
Los científicos destacan que cada nueva expedición a las profundidades oceánicas ofrece la posibilidad de encontrar organismos nunca antes observados, así como de comprender mejor el comportamiento y las adaptaciones de especies que han evolucionado durante millones de años en condiciones extremas de oscuridad, presión y bajas temperaturas.
El caso del tiburón duende resulta especialmente fascinante porque se trata de una especie considerada un auténtico “fósil viviente”, cuya historia evolutiva se remonta a más de 125 millones de años. Poder observarlo nadando libremente en su entorno natural representa una oportunidad única para estudiar aspectos de su biología que hasta ahora permanecían envueltos en el misterio.
Más allá de la curiosidad que despierta su peculiar apariencia, este histórico avistamiento sirve como recordatorio de cuánto queda por descubrir bajo la superficie de los océanos. Aunque el mar cubre más del 70 % de la Tierra, una gran parte de sus profundidades aún no ha sido explorada de manera sistemática. Los expertos coinciden en que futuras misiones podrían revelar nuevas especies, ecosistemas desconocidos y hallazgos capaces de transformar nuestra comprensión de la vida en el planeta.
Mientras la tecnología continúa ampliando los límites de la exploración submarina, descubrimientos como este demuestran que el océano profundo sigue siendo una de las últimas grandes fronteras de la ciencia, un vasto mundo lleno de secretos que apenas comenzamos a conocer.
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